Aunque siempre he sido un gran admirador de las series de animación de nuevo cuño, debo admitir que no descubrà las mieles del catálogo de Adult Swim hasta hace relativamente poco. Un error que intenté maquillar hace cosa de un año comprándome la sensacional Metalocalipsis y que he estado intentando subsanar por completo estos dÃas a marchas forzadas, fascinado por la arrebatadora calidad y la rabia transgresora de algunos de sus tÃtulos. Por cierto, por si alguien no sabe de lo que hablo, cabe apuntar que Adult Swim es algo asà como un subcanal de dibujos animados nacido al amparo Cartoon Network, claramente orientado al público adulto y con una parrilla propia de series de animación en la que figuran referencias de auténtico culto en el universo freak.

En España podemos acceder a algunos de sus tÃtulos (no todos) a través del canal TNT y a horas intempestivas, a menos que seas una lechuza. Pero, bueno, para eso San Catodio inventó los grabadores de DVD y Amazon (para los que pueden permitirse el dispendio) e Internet (para los que no le temen a la bandera pirata). Lo cierto es que las órbitas oculares se me quedaron a cuadros cuando vi por primera vez Metalocalipisis, una serie sobre una banda de death metal que, entre otras lindezas heavies, arrasa Dinamarca después de invocar a un trol de doscientos metros o causa la muerte masiva de casi todos sus fans en sus sanguinolentos conciertos.

Fue un descubrimiento que me obligó a clavar la pupila en la familia Adult Swim y me llevó directamente a otra de las joyas de esta corona freak. Se trata de Robot Chicken, un invento del nerd cinematográfico Seth Green que se basa en marionetas y juguetes animados a la vieja usanza. Por supuesto, la ducha de referencias al cine fantástico, cómics y telebasura es constante (y abundante). Humor grasiento, actitud de freakismo exacerbada y uno de los grandes momentos que se han visto en Adult Swim, ni más ni menos que una reconstrucción de Star Wars de una hora que deja al Blue Harvest de Padre de familia en braguitas. Tampoco puedo olvidarme de la memorable Frisky Dingo, sin lugar a dudas uno de los productos de animación más estimulantes de la actualidad, una parodia radical de las pelÃculas de superhéroes y el cine de acción.

Pero si hay una serie que casi me hace vomitar las tripas de tanto reÃr ésa es Harvey Birdman. ¿Qué quién es Harvey Birdman? Pues un superhéroe animado de los años 60 reconvertido en la actualidad en abogado de otros personajes dibujos (extraÃdos todos del catálogo de creaciones de Hannah & Barbera) con problemas legales. En esta alucinógena tesitura, la serie (ya hay tres temporadas a la venta en los USA) nos muestra, por ejemplo, a Shaggy y Scooby-Doo pillados con marihuana en su clásica furgoneta o a Pedro Picapiedra convertido en el mismÃsimo Tony Soprano. Delirante, sin descanso, tan pasada de rosca que termina enganchando como un demonio, Harvey Birdman, insisto una vez más, es el subproducto que más me ha entusiasmado de cuantos he visto hasta ahora a la lumbre de de esta cadena.

Por cierto, ya que estamos en esta lÃnea de animación al lÃmite en eterna loa a Adult Swim, no puedo cerrar esta columna sin lanzarle unos cuantos (y merecidos) ditirambos a un producto patrio que servidor recomienda sin limitaciones. Se trata de PutokrÃo, genial invento de Jorge Riera que deja el episodio más radical de South Park en un artefacto tan (o más) inocente que los calcetines de Heidi. Impresionante collage a medio camino entre la historieta punk, el cómic televisado y el retrato social a cara de perro, PutokrÃo es un puñetazo en los testÃculos que deja huella y divierte con bilis. Aquà no hay concesiones. Estamos ante una obra con voz propia que encaja perfectamente con el manual de irreverencia de Adult Swim (a veces incluso lo supera con creces) y que, sorprendentemente, todavÃa no tiene fecha de estreno. Señores de TNT España: esperamos tenedor y cuchillo en mano.























