Un blog de Óscar Broc

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Duele decirlo, pero es un hecho que para un servidor resulta indiscutible: España es un país en el que se impone el gregarismo más radical. A veces parece que nos comportamos como un rebaño, que somos como zombies dispuestos a tragar con todo. Y esta actitud, esta falta de iniciativa y originalidad, desemboca en una oferta de ocio y cultura abocada a la sobreexplotación de la misma idea, siempre y cuando éste venga precedida de un éxito, claro.  Quizás por eso todavía hemos sido incapaces de dar un vuelco a nuestra parrilla catódica y cambiar el mismo pienso televisivo made in Spain que se repite una y otra vez en nuestras pantallas. Es como si estuviéramos aturdidos por unas ondas alienígenas y no nos diéramos cuenta de que todo el rato masticamos la misma basura: calidad nula en los guiones, brusquedad dialéctica, humor aceitoso y un mal gusto sobrenatural. Vaya,  algo así como Mortadelo y Filemón, pero con la diferencia de que los cómics del genial Francisco Ibáñez supieron retratar esa España de bocata envuelto en papel de periódico, y nuestras series más famosas no hacen más que caer en el ridículo y la vergüenza ajena una y otra vez.

Enjuto Mojamuto 

Lo siento, pero no le encuentro maldita gracia a subproductos de risa enlatada y costumbrismo español gratuito del la catadura de Aída, La familia mata, Los hombres de Paco o La que se avecina. Parece que no hayamos aprendido la lección y nos conformemos con ese humor seboso, ajado, falto de chispa y escatológico que se ha impuesto en nuestra comedia. No exagero. La prueba la tenemos en ese circo de monstruos mal enseñados que es Aída, una serie infame cuyos  guionistas tuvieron a bien comparar un bebé de raza negra con una caca. Si esto es el humor más inteligente y punzante que nos tienen reservada la televisión autóctona, quizás deberíamos comenzar a buscar nuevos horizontes e  intentar cambiar las cosas desde los márgenes. Los mismos márgenes que recorren Joaquín Reyes y su equipo de humoristas en Muchachada Nui. Los fieles de este programa, antes conocido como La Hora Chanante en el canal de pago Paramount Comedy, se han aferrado a su humor surrealista y postmoderno como si fuera un salvavidas en un océano podrido de mediocridad. Lo que han conseguido estos tipos tiene un mérito notable. Han cogido la herencia del gag televisivo que otrora dignificarán John Clesse y compañía en la memorable serie Monty Python’ s Flying Circus (algunos también hablarían de Faemino y Cansado), han adaptado el mejunje a las coordenadas humorísticas españolas (ese tono de pueblo, ese “¡Marciaaaaaal!” que tan bien les funciona) y lo han rebozado todo con una vomitona de referencias a la cultura pop de los últimos veinte años sencillamente abrumadora.

 muchachada al completo

El resultado es una comedia televisiva 100 % española de la que por fin podemos sacar pecho, un producto que es irreverente y guarro como el que más, pero que desprende talento, frescura y una afán irrefrenable por ir más allá en todos y cada uno de sus surrealistas guiones.  Y lo mejor es que lo consiguen sin desapegarse demasiado de una fórmula, repitiendo incluso los mismos esquemas –Joaquín Reyes interpretando a un famoso con voz de paleto, los inserts de animación…-, pero con la seguridad que da el saber que estás fabricando una base muy solida para el humor patrio del futuro. Y si no, decidme si es posible encontrar en la actual comedia española algo mejor que las Aventuras del Joven Rappel , del que me declaro absoluto fanático. Por el momento, todos los miércoles a las 23,30 h en la 2, tenemos a nuestra disposición una ventana delirante con vistas a lo que debería ser el porvenir del humor  televisivo en nuestro país. Así da gusto reír.
http://muchachadanui.rtve.es

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No es nada nuevo que una serie de televisión se haya visto extrapolada y totalmente reinventada en el celuloide. Mientras esperamos con curiosidad la llegada de la película El Equipo A, una adaptación más a sumar a una larga lista de series “peliculizadas”, contemplamos también con deleite otro fenómeno que es mucho más nuevo y en el que puede haber un futuro muy pero que muy jugoso. Servidor se refiere a las series que han vivido una continuidad en la gran pantalla, nada de readaptaciones con nuevos actores, nada de chapuzas hollywoodienses indignas al más puro estilo Los Ángeles de Charlie, El Santo o Los Vengadores… Estamos hablando de películas que funcionan como un episodio más de la serie y a menudo se utilizan como traca final a la andadura de un producto televisivo de éxito. El experimento resulta realmente interesante, porque estos largometrajes estrenados en cine pueden ser el complemento y la rúbrica perfecta a un producto de calidad de larga duración en la caja tonta. Y si no que se lo digan a miles de fans de Serenity, que al menos pudieron disfrutar de una final más que digno gracias al estreno en cine de la película homónima, tras la injusta e incomprensible cancelación de la serie en su primera temporada.  Además, a estas alturas, la factura de producción y el tratamiento de contenidos son prácticamente iguales en cine y televisión, de ahí que no se produzca un decalage entre uno y otro medio en el salto al celuloide.

Expediente X

Ahí tenemos la notable película de Expediente X (1998), rodada entre la quinta y sexta temporada, una historia que nos ayudó a comprender en mayor profundidad la trama global de la serie y, de paso, sentó un precedente muy valioso. Pues bien, no hace mucho nos golpeó la noticia que todos los fans de Mulder y Scully habíamos soñado: habrá segunda parte de la película de X-Files  con todos los peces gordos de la serie implicados, esto es, David Duchovny y Gillian Anderson en el papel de los celebérrimos agentes del FBI -ya podéis respirar todos tranquilos-  y Chris Carter, creador de la serie, ni más ni menos que en la dirección y el guión. Pero no ha sido ésta la única noticia que nos ha llegado sobre el tema. No queda mucho para que podamos ver, de una vez por todas, el estreno de la película de Sexo en Nueva York, con la deliciosa Sarah Jessica Parker, toda su troupe de mujeres, sus inevitables conversaciones húmedas y sus compras compulsivas en las mejores boutiques de la Gran Manzana. Si todo va bien, el film se estrenará en los USA el 30 de mayo.

sex

 Pero lo mejor está por llegar. Cada vez son más fuertes los rumores que apuntan a una película para cines de Perdidos. A l parecer, los arquitectos del monstruo de la ABC están planeado que la serie termine en su quinta temporada y culmine su triunfal andadura a lo grande, con un largometraje a modo de traca final que se estrenaría en el 2009-2010. Y a este rumor se le ha sumado también el de una posible película de Los Soprano. Al parecer, una gran parte de los fans de la serie no se quedaron plenamente satisfechos con el final de la serie y desde hace algunas semanas se ha propagado el notición de que es muy posible que el mafioso depresivo de Nueva Jersey vuelva a fumarse sus puros en el Bada Bing una vez más. Aunque los comentarios de la HBO al respecto son de momento disuasorios, no podemos abandonar la esperanza de recuperar a James Gandolfini y su troupe, aunque sea solo para un estreno de cartelera. ¿Estáis todos cruzando los dedos?

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El mundo de las series de televisión está en constante actividad, cual volcán hawaiano. Uno se asombra ante la complejidad que esta telaraña de fantasías, personajes, temporadas e historias ha cobrado en un espacio muy corto de tiempo. ¿Quién nos iba a decir hace escasos 5 ó 6 años que podríamos disfrutar de una oferta tan abundante y de tanta calidad? Y lo mejor de todo es que uno tiene la sensación de que este fenómeno está comenzando su inolvidable camino de gloria y todavía tiene una eternidad por delante. Las series de televisión se han convertido en un magma de vida que nos regala constantemente nuevas noticias, nuevas sorpresas, un mercado enmarañado y bullicioso al que ya resulta imposible seguirle la pista de forma completa sin volverse completamente majareta.

FNL
En este sentido, el  DVD e Internet (todos nos bajamos series, para qué diantre  negarlo) se han convertido en dos armas primordiales y absolutamente necesarias para poder seguir todos los productos de mayor calidad sin perderse nada. No son pocas las veces que hemos descubierto una serie buceando en las profundidades abisales de Amazon.com, una serie que termina siendo una joya de valor incalculable y que miramos asombrados en el sofá, mientras nos preguntamos dónde demonios estábamos cuando la emitieron.

El más reciente hallazgo que he encontrado y quiero compartir con todos los serieadictos es Friday Night Lights, una producción de la NBC que, como a mí me paso, se presta al prejuicio rápido. Una historia ambientada en un pequeño pueblo de Texas y basada primordialmente en su equipo de fútbol americano y los trajines vitales de sus componentes no despierta de primeras el interés de un pobre europeo como el que esto firma.  Jóvenes pasados de hormonas, cheerleaders medio lelas, patriotismo barato, hamburguesas y nachos, un deporte que no entiendo… Son algunas de las imágenes que asaltaron mi mente cuando vi anunciado su estreno, con lo que no le hice el más mínimo caso hasta que, dos años después, en una de mis compras compulsivas por Internet, decidí darle una oportunidad al pack de la primera temporada.

Y la verdad es que esa serie, la misma que desprecié juzgando apresuradamente su envoltorio, me ha proporcionado una semana tan entretenida que ya me hecho, sin pensarlo,  con su segunda y hasta la fecha última temporada (no se sabe si se rodará una tercera). Lo que contiene este producto es un drama fascinante sobre la vida y sociedad americana en los pueblos más tradicionales y católicos del tapiz yanqui. Lejos de regodearse en la jerga deportiva, Friday Night Lights trasciende los límites del rectángulo de juego para convertirse en un drama emocionante, honesto, adictivo y tremendamente bien escrito. El fútbol americano se presenta como una religión en una cultura llena de mitos y tradiciones inamovibles, y lo guionistas lo hacen de tal modo que no importa que el espectador no tenga ni repajolera idea de cómo se juega a este brutal deporte. Y eso es un gran mérito. Además, en términos visuales, la serie apuesta por un realismo con cámara al hombro que bordea el documental, un sello distintivo que se completa con zooms nerviosos, movimientos de cámara frenéticos y encuadres forzados.

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Friday Night Lights se ha estrenado en España en TNT, y aunque parece que ahora no la emiten, mejor estar alerta por si vuelve a la parrilla. Con tanto producto que ver, con tanta oferta, a veces podemos dejar escapar pequeñas maravillas que miramos con el rabillo de ojo por culpa de las prisas. Pensar que esta pedazo de drama deportivo-adolescente-social se me podría haber escurrido entre los dedos me pone los pelos de punta.  �

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Posiblemente tienen razón en sus reivindicaciones. Sí, quizás se merecen una porción más grande del pastel. No me atrevería en ningún momento a cuestionar sus demandas. Pero, diablos, lo que nos han hecho los guionistas de Hollywood, con la dichosa huelga, es lo que en términos coloquiales se conoce con una sonora, contundente y explicativa palabra: putada. Me da igual que los Globos de Oro se queden sin ceremonia o que se retrase la producción de los últimos bodrios comerciales para la gran pantalla. Lo que duele como una patada en el bajo vientre es la vil mutilación que han sufrido nuestras series favoritas a causa de toda esta polvareda.

Las consecuencias en el campo de batalla han sido devastadoras. Para empezar, los que se habían dejado crecer las uñas para la séptima y esperadísima temporada de 24 (se dice que han resucitado a un muerto, y hasta aquí puedo leer) tendrán que hacerse la manicura. Después de rodar 8 episodios, llegó el enfrentamiento entre productoras y escribas, y la producción de la serie tuvo que pararse. Los daños colaterales son imperdonables: hasta enero del 2009 no podremos disfrutar de nuevo de Jack Bauer y sus proezas antiterroristas. De todos modos, que nadie meta la cabeza en el horno todavía. Al parecer, para calmar la adicción que muchos tenemos con este trepidante producto de acción, la Fox ha anunciado que rodará una película para televisión de 24 y seguramente podremos verla en el transcurso de este año. Un chute de metadona televisiva con el que trataremos de hacer más llevadera la sequía. Intento pensar cómo será un año entero sin 24 y ya comienzo a sentir los primeros síntomas del delirium tremens.

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Pero ahí no termina la jugarreta de los guionistas estadounidenses. Otra de las grandes series que se ha visto afectada ha sido la sensacional Héroes. Para empezar, la segunda temporada, que estamos viendo ya en Sci Fi desde hace unas semanas, ha quedado reducida a 11 míseros capítulos, y aunque resulta más que satisfactoria, uno aprecia que se han tomado atajos en su conclusión, se notan las prisas y los reajustes de guión de última hora, lo que ha repercutido en la calidad y acabado del producto. Además, se había previsto que este año se estrenara también el spin off Heroes: Origins, con directores invitados de la talla de Kevin Smith o Eli Roth, pero nos vamos a quedar de nuevo a dos velas y rezando para que la NBC, después de las críticas que ha recibido la segunda temporada, no cierra la parada definitivamente.

Lost
Pero lo más ultrajante es el calvario que esta huelga nos obligará a pasar con la cuarta temporada de Perdidos. De momento, todo lo que podemos decir es que esta nueva y fascinante andadura (servidor ha visto los cinco primeros capítulos, y son sencillamente apasionantes) constará en su primera parte de 8 raquíticos e insuficientes episodios, auténtico bofetón en la cara para los miles de adoradores que tiene la serie en todo el planeta. Al parecer, después de las negociaciones pertinentes con los guionistas de turno, y superado el parón de rigor, se rodarán 5 capítulos para completar la cuarta temporada. Una temporada que, por cierto, está mucho más condensada a causa de esta guerra y por tanto ofrece la única ventaja de darnos de golpe un montón de respuestas a esos enigmas de la isla mágica que tanto nos atormentan. Y si no, mirad con detenimiento el increíble quinto episodio, The Constant, y decidme que no tengo razón. Que no nos vuelvan a tocar Perdidos, por favor.

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Hace unos años (no demasiados) ciencia ficción de calidad y televisión tan sólo conseguían sobrevivir en la misma madriguera gracias al ingenio, no a la técnica. No era fácil encontrar series de envergadura con componente fantástico en la parrilla. El cine parecía el hábitat más natural para  un género que ha avanzado al ritmo marcado por los prodigios tecnológicos de la gran pantalla. Los efectos especiales siempre han sido un bien demasiado valioso en el tablero de juego de la ciencia ficción, y la televisión nunca, hasta ahora, ha sido capaz de emular los fastos digitales del celuloide. Ese lastre ha sido para muchas cadenas razón más que suficiente para descartar productos de corte fantástico en favor de otros géneros más cómodos.
De todos modos, desde hace algunos años, la explosión de calidad en el mundo de las series y el alumbramiento de canales especializados (con Sci Fi como principal factoría de producciones de calidad) ha propiciado un resurgir de la ciencia ficción que muy pocos se habrían atrevido a vaticinar. No sólo podemos encontrar productos de altísima calidad, con efectos especiales competitivos, lo mejor es que ya no tenemos que contarlos en cuentagotas.

comic 

El estreno a bombo y platillo de la segunda temporada de Héroes el pasado 28 de febrero en el canal de pago Sci Fi podría utilizarse como perfecta ejemplificación de la buena salud y el tirón de la ciencia ficción televisada. Aunque su creador Tim Kring haya tenido que pedir disculpas a los fans por el flojo arranque de esta nueva andadura (así de fuertes van sus seguidores al otro lado del charco), los superhéroes urbanos de esta epopeya con aires de tebeo volverán a dignificar el género, modernizándolo y alejándolo de tópicos  sin renunciar a los rasgos definitorios del mundo del cómic de superhéroes: viajes en el tiempo, catástrofes apocalípticas, tipos que vuelan, seres malignos y batallas épicas entre entes superpoderosos. Empieza flojeando, de acuerdo, pero termina a lo grande y no creo que tardaremos en verla en las autonómicas, que nadie desespere.

Y si Héroes es la confirmación de una tendencia a la alza, es preciso destacar también una serie que ha marcado un antes y un después en el idilio entre tele y ciencia ficción. Resulta esencial haber entrado en su mundo para comprender los nuevos caminos que ha emprendido el género fantástico en la pequeña pantalla. Se trata de Battlestar Galactica (Sci Fi) un remake sui generis de la entrañablemente kitsch Galactica de los 80, pero en clave adulta, con una profunda exploración psicológica de todos los personajes –algo así como un melodrama chejoviano ambientado en una nave espacial-, apuntes teológicos y un concepto de las series espaciales con naves y robots malvados tan serio como revolucionario. Sólo los dioses saben por qué esta maravillosa epopeya galáctica protagonizada por Edward James Olmos (el teniente castillo de Corrupción en Miami) no ha llegado todavía a la televisión en abierto, aunque siempre se puede recurrir al DVD: las tres primeras temporadas están a la venta en España.

Galactica
Y todos los que están hambrientos de novedades que sumar a la lista de títulos que ya han pasado por nuestras pantallas (Medium, Habitación Perdida, las sagas Stargate, Sobrenatural, Eureka, Painkiller Jane y un laaaaargo etcétera) y no tienen reparos en bucear por la red para calmar su adicción, tomen nota por favor. No hace mucho que la Fox ha estrenado en los USA  The Sarah Connor Chronicles, un brutal spin off de la intrépida heroína de Terminator que ha recibido muy buenas críticas y ofrece unos efectos especiales de muchos quilates. No podemos obviar la comentadísima miniserie Tin Man de la cadena Sci Fi  (definitivamente ha dividido a la crítica), una relectura del mito del Mago de Oz trasladada a la actualidad que esperemos que llegue cuanto antes a nuestras pantallas. O Moonlight (CBS), sin duda alguna la mejor serie vampírica de los últimos años, una mezcla de cine negro y terror chupasangre que deja a la altura del betún la mojigata de Buffy. Y qué decir del renovado Flash Gordon… Son sólo destellos del futuro que nos tendría que deparar la ciencia ficción en la parrilla española. Nunca antes como ahora la imaginación había sido tan libre y había campado sus respetos con tanta dignidad por nuestro tubo catódico. Que no nos cierren la parada de los monstruos, por favor. �

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Acabo de ver el último capítulo de Damages (aquí se titulará Daños y perjuicios) y he constatado dos cosas: que se trata de una de las mejores series de abogados de la historia y que estoy enamorado de Glenn Close, su protagonista principal. Esta primavera, en cuestión de mes y medio, Canal + comenzará a emitirla y sería un grave error, créame el lector, dejarla escapar.

Glenn Close 

A excepción de la mítica La Ley de los Ángeles (una de las mejores productos televisivos de los 80, punto y pelota) y quizás Murder One, las series de abogados no han conseguido nunca estar a la altura o avanzar hacia nuevos territorios, ciñéndose una y otra vez a fórmulas repetitivas y predeterminadas, y cayendo en los lugares comunes de siempre. La parafernalia legal convertida en espectáculo televisivo es algo por todos conocido, un género artificioso y maniqueísta en el que los abogados son los buenos y el acusado el malo. Cuando Ley & Orden es a lo máximo a lo que pueden aspirar este tipo de productos es evidente que algo falla, que se necesita un revulsivo.

Y ese revulsivo nos lo ha proporcionado este atenazador thriller legal donde brilla, con un  fulgor intensísimo, una Glenn Close en el que para mí es el mejor papel de toda su carrera –ahí es nada. Y es que Damages es una suerte de thriller legal donde los abogados son tan buenos, ni los acusados tan malos. Esta trepidante y adrenalínica historia nos relata las oscuras tribulaciones de Patty Hewes, una abogada manipuladora y egoísta que está empeñada en llevar a juicio y arruinar a un millonario corrupto (interpretado, por cierto, por un Ted Danson sorprendente).

Con esta premisa, y durante los 13 episodios de la primera temporada, la serie nos introduce en un laberinto de traiciones, dobles agendas, asesinatos y tiburones legales sin entrañas, y lo hace dirigiéndose directamente a la yugular del espectador, a un ritmo trepidante, narrando los hechos en forma de flashback y dejando para el final de cada episodio tal inyección de intriga que necesitas ver cuatro o cinco capítulos seguidos para saciar el hambre. Un thriller legal en mayúsculas, con un guión elaborado, serio,  con personajes repletos de claroscuros, con dobles agendas y, sobre todo, con una actriz de cine que se ha reencontrado a sí misma en la televisión.

Damages 

Los seguidores de la magnífica The Shield (una de las mejores series de policías de los últimos años) ya disfrutamos, en su cuarta temporada, con la reaparición de Glenn Close. Cuando todos la daban por extinguida, la veterana actriz nos regaló un papel de lo más convincente allanando así el terreno para su resurrección artística completa, la que protagonizó en el 2007 en la piel de la implacable abogada Patty Hewes. Gracias a Damages recuperamos a una actriz de las de verdad, algo parecido a lo que ha pasado también con Kyra Sedgwick en el papel de la extravagante investigadora Brenda Johnson en The Closer (una maravillosa serie que podemos ver en Cuatro y una actriz también recuperada a las que pienso dedicar algún día esta columna).

 Con unos esplendorosos 61 años, Glenn Close ha vuelto del limbo hollywoodiense al que suelen quedar relegadas las actrices cuando se les pasa el arroz –y si no que se lo digan a Melanie Griffith-, para ofrecernos un trabajo de interpretación superlativo y dar vida un personaje lleno de matices que ya es de culto por su carácter manipulador, falta de entrañas y gelidez emocional. No es de extrañar, ante semejante recital, que Close haya sido galardonada con el Globo de Oro a la mejor actriz de drama televisivo, una distinción que también ganó en el 2004 en la categoría de miniseries y telefimes por su participación en Lion in the Winter, por cierto. Justo premio para un actriz que lo merece y para una serie monumental que ha recuperado el thriller legal y os obligará a destrozaros la manicura a mordisco limpio. Por cierto, la cadena FX ya ha anunciado que habrá segunda temporada, con lo que tendremos otra ración más de Patty Hewes el año que viene. Buen provecho.

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Aunque en España hemos conseguido subirnos a ese tren de alta velocidad en el que se ha convertido el mundo de las series, todavía ocurren fenómenos paranormales en nuestra parrilla televisiva que servidor no alcanza a comprender. Y no se trata de los disparatados e imprevisibles horarios de programación –los seguidores de 24 (A3) o Extras (La Sexta) saben de lo que hablo-, sino de la irritante ausencia de títulos del todo imprescindibles que parecen haberse quedado en el limbo catódico y que la mayoría de los televidentes españoles no podrán disfrutar por al ineptitud de los que manejan los hilos de la televisión generalista. Resulta increíble que tengamos que tragarnos títulos de baja estofa como Jag: Alerta Roja (la Sexta), Kyle XY (Cuatro) o Sobrenatural (TVE) y todavía no hayamos podido catar las mieles de algunas de las mejores producciones que se han visto en la pequeña pantalla en mucho tiempo.

Kyle XY 

Uno sigue sin entender, por qué demonios ha tenido que ser Dark Teuve, un canal de pago al que pocos tienen acceso, el que estrenara hace un par de meses, por primera vez en este país, la alucinante Carnivale. Esta maravillosa serie de la HBO, ambientada en la América de los años 30, es una de las cumbres más altas a las que ha llegado nunca la televisión. A uno le cuesta entender por qué desde el 2003, año de su estreno, hasta ahora, ningún canal en abierto ha sido capaz de hacerse con esta historia sobrenatural ambientada en un circo de freaks: estoy seguro de que las dosis de intriga y el nivel  de producción de la cinta (cada episodio es una película) garantizarían generosas cifras de audiencia.

La misma frustración le invade a uno cuando ve que Showtime ya he renovado por una tercera temporada la contundente Brotherhood, mientras aquí, todavía nadie, ni siquiera los canales de pago, ha decidido hacerse con ella. Esta violentísima historia urbana sobre la mafia irlandesa de Boston y sus conexiones con el poder no parece tener mucho futuro en nuestras pantallas. Y es una pena: en su género es de lo mejor que uno ha visto en la caja tonta en mucho tiempo. Y qué decir de la disparatada It’s always sunny in Phildelphia, una de las comedias más frescas, transgresoras y entretenidas de los últimos años (a la altura e incluso mejor que la premiada Rockefeller Plaza). Un grupo de inadaptados que no han superado su fracaso en la vida después de la universidad trata de sobrevivir a su propia inmadurez regentando un sucio bar de copas. Cada episodio es un pequeño regalo, una invitación a la carcajada constante, pero esta serie del canal FX todavía sigue inédita en nuestras pantallas.

Brotherhood

¿Y qué pasa con Flight of the conchords, la comedia freak de la temporada cortesía de HBO (entrañable, con hilarantes números musicales, extraña, divertidísima…)? ¿Acaso le tenemos miedo a las nuevas formas que están adoptando las series humorísticas al otro lado del charco? ¿Cómo es posible que esta rompedora comedia-pop no haya llegado todavía ni siquiera a la televisión de pago? Son sólo algunos ejemplos de una lista (Tell me you love me, The Dresden files, Torchwood, John from Cincinnati…)  que podría alargarse y alargarse para horror de los que creen que aquí llega lo mejor, para estupor de los que viven engañados pensando que se puede estar al día siguiendo la programación de series de la televisión en abierto. Que la avalancha de títulos no nos nuble la vista: no están todas las que son ni son todas las que están.   

PD: ¿Alguien ha notado temblores en la Red? Sí, amigos, la cuarta temporada de Perdidos ya se ha estrenado en Estados Unidos y el torrente de descargas en Internet se ha hecho oír de aquí a las antípodas. ¡Vuelve la fiebre!

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Hace unos días, el 5 de febrero, la Sexta estrenó en horario late night la serie Extras para regocijo de los amantes de la mejor comedia televisiva. Detrás de este hilarante título producido por la BBC encontramos al humorista británico Ricky Gervais y su inseparable guionista (y actor ocasional) Stephen Merchant, artífices también de la memorable The Office. La serie nos muestra las surrealistas tribulaciones de Andy Millman, un actor fracasado que sólo consigue miserables trabajos de extra y se dedica a medrar en los rodajes para elevar su estatus en la industria cinematográfica. Cada episodio es un regalo: Gervais somete a su personaje a las humillaciones más encarnizadas con gran finura, inteligencia y una obsesión tan deliciosa como irrefrenable por profanar los límites de lo políticamente correcto. Por si fuera poco, en cada episodio participa una gran estrella del show business, interpretándose a sí misma. David Bowie, Kate Winslet, Samuel L. Jackson, Ben Stiller y Robert De Niro son algunos de los nombres que comparten pantalla con Gervais y aceptan autoparodiarse en un sanísimo ejercicio de inmolación humorística. Con el aval de un Globo de Oro a la mejor comedia y un Emmy al mejor actor humorístico de televisión, créame el lector cuando le digo que Extras es una de las críticas de la industria del cine y la televisión más frescas, imaginativas y agudas que se han hecho en mucho tiempo. Sólo una pega: apenas dos temporadas de 6 episodios cada una y un especial navideño de una hora saben a poco cuando la ambrosía es de tanta exquisitez.

Extras

En otra dimensión humorística, pero con una pegada nada despreciable, topamos con otro estreno reciente destacable. TNT España lanzó hace unas semanas Sexy Money, una serie que confirma la tendencia actual de la televisión adulta a honrar el ocaso de los valores familiares. Si en Weeds vemos a una viuda con dos hijos que se dedica a vender marihuana en un vecindario de clase alta o en Arrested Development presenciamos en primera fila el desmoronamiento de un linaje de tarados, en Sexy Money conocemos a la familia más poderosa de Manhattan, los Darling, y su más absoluto desprecio por los vínculos de sangre. Y todo visto a través de los ojos de su abogado, un más que correcto Peter Krause (el guapo de A dos metros bajo tierra), que tiene que lidiar con las ambiciones, maldades y caprichos imposibles de una familia a la que sólo une el amor por la pasta. Esta actualización caníbal de Dinastía se podrá ver en abierto, en breve, en Antena 3. Por favor, que no la hundan con unos horarios de emisión kafkianos, como ya hicieron con 24.
Sexy Money

En esta tesitura de familias desestructuradas y consanguinidad corrupta, no me gustaría poner el punto y final a estas líneas sin pedir a viva voz el estreno en España de The Riches, maravillosa serie emitida por FX (el canal “adulto” de la Fox) sobre una familia de timadores nómadas que adoptan la identidad de unos millonarios muertos en accidente de coche, y viven su particular mentira entre pijos, jugadores de golf, abogados y otros tiburones de la alta sociedad. Un adolescente problemático, una hija mayor descubriendo la sexualidad, un padre capaz de vender un traje de submarinista en el Sahara, un hijo pequeño empeñado en vestirse de niña y, sobre todo, una madre ex convicta y adicta a la heroína —interpretada por una Minnie Driver en estado de gracia, dicho sea de paso— conforman por el momento la familia más entrañable, conmovedora y divertida de la televisión actual. Que no tarde mucho en llegar.